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COLOMBIA
“La sociedad civil se está movilizando para salvar el proceso de paz”
Sandra López
06/10/2016
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Entrevista con Fernando Hernández, director de la Corporación Nuevo Arco Iris

Colombia aún no se repone de la sorpresa que causó el triunfo del No en el plebiscito, realizado el 2 de octubre, que buscaba refrendar el Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera firmado en Cartagena el 26 de setiembre entre el presidente Juan Manuel Santos y Rodrigo Londoño (alias Timochenko) por las Fuerzas Armadas Revolucionaria de Colombia (FARC).

Cuatro años tardaron los negociadores del gobierno y la guerrilla en La Habana concretar el acuerdo que pondría fin a 52 años de conflicto armado. Pero ese acuerdo, que debía ser ratificado por la ciudadanía en un plebiscito, fue rechazado por escasos 53,900 votos en un proceso al que sólo asistió a votar 37% del electorado.

En conversación con Sandra López, corresponsal de Noticias Aliadas, Fernando Hernández, director de la Corporación Nuevo Arco Iris, centro no gubernamental de pensamiento, investigación y acción social, explica el antes, ahora y después de esta crucial decisión del pueblo colombiano.

¿Cómo explicar los resultados del plebiscito en el que se impuso la opción por el No?
Aquí pasamos de una tremenda esperanza a una sorpresa, a una incredulidad extraordinaria y a la frustración. No nos esperamos esto realmente. Todo indicaba que el Sí iba a duplicar y hasta en algunas encuestas triplicar el No. Indudablemente había una corriente subterránea que no alcanzamos a percibir y que se manifestó con ese  increíble triunfo del No, que aunque con un estrecho margen, triunfó de todas maneras. El gran ganador fue el expresidente Álvaro Uribe [2002-2010]  y el gran perdedor el país. Pasamos de la euforia de la firma de Cartagena a la decepción y el presidente [Juan Manuel] Santos, que hace ocho días era candidato al Premio Nobel de Paz, se le acabó el gobierno el 2 de octubre. El resultado es que queda prácticamente inservible el Acuerdo de Paz de La Habana.

Para usted, ¿cuáles fueron las causas de este rechazo al acuerdo?
En primer lugar el gobierno se equivocó al enfrentar la estrategia propagandística del uribismo [como se llama a la corriente política del expresidente Uribe], que simplificó el proceso de negociación a unas frases muy simples que calaron en la gente. Por ejemplo, dijo que con el acuerdo, el gobierno entregaría al país al castrochavismo [en referencia a los gobernantes cubanos Fidel y Raúl Castro y al fallecido presidente venezolano Hugo Chávez], al comunismo y claro, en una crisis como la que vive Venezuela eso caló en la gente. Decían que el acuerdo le concedía a las FARC impunidad para delitos de lesa humanidad, cuando eso no es cierto. Uribe dijo que se les premiaba a delincuentes con cargos políticos. El acuerdo plantea la entrega de 3 millones de hectáreas de tierras baldías, o recuperadas de los narcos, que hoy son del Estado, a los campesinos que no la poseen. El uribismo convirtió esa propuesta en una amenaza de expropiar tierras a propietarios de tierras bien habidas. Para la gente estos mensajes fueron muy efectivos. Todo valía en la campaña de la extrema derecha.

Al parecer este mensaje tuvo éxito en las ciudades.
Las ciudades votaron por el No, excepto Bogotá. El departamento de Antioquia, de donde es el expresidente Uribe, votó por el No; Cundinamarca, el departamento central donde está Bogotá, votó por el No. El Eje Cafetero, Risaralda, Pereira, Santander votó por el No. En cambio las regiones donde están las víctimas, los afrocolombianos, los indígenas, los que realmente sufren la violencia votaron por el Sí. El Chocó, donde las comunidades afrocolombianas han sufrido muchísimo, donde se encuentra la comunidad de Bojayá, que fue bombardeada por las FARC el 2 de mayo de 2002 matando a 119 personas, el 95% votó Sí. Sitios como el departamento del Cauca, que es territorio indígena, puramente campesino, o el Putumayo, el Vaupes, que han tenido los mayores frentes guerrilleros votaron por el Sí. Paradójicamente las ciudades, que han sufrido menos, fueron las que rechazaron el acuerdo.

¿Y el abstencionismo que esta vez fue del 62.2%?
Ha sido tradicional en Colombia no salir a votar [el voto en Colombia no es obligatorio], pero esta vez fue mayor. Algunos explican que en la Costa Atlántica, donde se esperaba una votación grande por el Sí, los frenó el paso del huracán Matthew. Otra gente se confió en que las encuestas decían que el Sí iba a ganar con mucha ventaja entonces ya no había que ir a votar.

¿Cree que también influyó el liderazgo del expresidente, hoy senador, Uribe?
Hay que reconocer que el expresidente Uribe es un político muy capaz y persistente. Claro también hay que reconocer que el gobierno hizo una campaña muy tardía desde el punto de vista de pedagogía de la paz. Creo que el gobierno confundió la propaganda gubernamental con la pedagogía de la paz. Hizo una campaña muy centrada en los políticos de siempre y lastimosamente se volvió a hacer la politiquería de siempre.

El senador Uribe ha manifestado y hasta ha nombrado sus representantes para dialogar con el gobierno una renegociación del acuerdo, ¿esto no le parece positivo?
Aun cuando Uribe diga ahora que busca renegociar y el gobierno lo acepta, lo que realmente quiere, en mi opinión, es desmontar el acuerdo. Los sectores de extrema derecha propietarios de tierras, están interesados en desmontar el tema agrario. Sectores que tienen temor de la Justicia Transicional, porque plantea que hay que decir toda la verdad, entre ella la procedencia de la tierra que adquirieron durante la violencia. Varios no quieren que se sepa su relación con los paramilitares.

Pero la participación de Uribe es un avance a no desechar totalmente lo acordado en cuatro años de negociación.
Claro. Por eso estamos buscando caminos en este momento. El gobierno nombró una comisión de ministros, incluido el jefe negociador Humberto de la Calle, para acordar algunos temas con el uribismo. Los partidos que apoyan el proceso de paz se reunieron con el presidente buscando salidas. Hay en este momento una reunión en La Habana entre las delegaciones de las FARC y el gobierno a ver qué salidas toman. Hay movilización en las calles, de estudiantes, campesinos, exigiendo una salida a la paz. Sin embargo, yo no creo que la guerrilla diga: bien, me voy para la cárcel 10 o 12 años. No van a decir: bien, dejo las armas y no participo en política. Habrá que tener mucha imaginación para tratar de salvar el proceso de paz.

Aunque no van a ceder en todo, como usted dice, ¿cree que las FARC tengan la voluntad de renegociar?
No tengo ninguna duda de que la cúpula de las FARC tiene toda la voluntad de negociar. A mediados de setiembre, en el congreso que realizaron en la Selva del Yarí [en el centro del país], ratificaron por unanimidad el acuerdo. El problema es que ahora todo se ha suspendido. Pienso que los muchachos y muchachas de las FARC deben estar desconcertados. Supuestamente los días siguientes al plebiscito debían estar marchando hacia las zonas de concentración y ahora no saben qué van a hacer.

Todo está paralizado. La ONU, que era la garante y cuya participación era esencial en el cumplimiento del acuerdo está paralizada. Las ayudas económicas internacionales que deberían llegar para el posconflicto están paralizadas. Estamos en un momento en un limbo completo.
 
¿Diría entonces que hay que tomar medidas inmediatas?
Deben al menos conocerse cuáles son los caminos hacia donde conducirnos. No lo veo fácil porque, como te repito, para mí el deseo del uribismo es desmontar el proceso. Espero que la inteligencia de las FARC, sobre la base de que ellos ya decidieron entregar las armas y hacer una transición, les ayude a buscar unas soluciones políticas. También hay que tener en cuenta el papel que juega la sociedad civil que se está movilizando para salvar este proceso. Eso es bueno.

Aquí no solamente hay que replantear lo negociado con las tres partes, sino con más. El ELN [Ejército de Liberación Nacional, el segundo grupo guerrillero del país] ha anunciado su deseo de unirse a una nueva negociación y eso es un buen signo. Entonces puede ser posible una mesa amplia donde esté el gobierno, las FARC, el ELN, la oposición y la sociedad civil. Hay que evitar que sea nuevamente una mesa cerrada.

También se abre inclusive la posibilidad de realizar una Asamblea Nacional Constituyente, claro no a mediano plazo, pero es una fórmula que plantearon las FARC e inclusive el uribismo. —Noticias Aliadas.


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Fernando Hernández/ Corporación Nuevo Arco Iris
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