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AMÉRICA LATINA
“Hay que garantizar que la política energética sea patrimonio del conjunto de la población”
Juan Nicastro
14/03/2016
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Entrevista con Pablo Bertinat, investigador sobre fuentes renovables de energía

Pablo Bertinat es docente e investigador sobre fuentes renovables de energía en la sede Rosario de la Universidad Tecnológica Nacional de Argentina, integrante de la ONG Taller Ecologista de Rosario, y desde hace más de 20 años asesora a movimientos sociales de todo el continente en trabajos y proyectos sobre energía.

Juan Nicastro, colaborador de Noticias Aliadas, entrevistó a Bertinat sobre los resultados de la COP21 y la urgencia de crecer en la utilización de fuentes renovables, abandonando los combustibles fósiles. Bertinat aportó consideraciones centrales de la realidad latinoamericana y alertas ante el deseado proceso de transición para que efectivamente se respete la salud y derechos de los territorios y poblaciones.

¿Qué opinión le merecen los resultados de la vigésima primera conferencia de las partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP21) realizada en diciembre del 2015?
La COP 21 nos dejó muchas preocupaciones, sobre todo por la inacción, la falta de acción coordinada o pactada para avanzar en dirección al cambio que necesitamos, tenemos la urgencia de una transición donde efectivamente se utilicen menos combustibles fósiles y más energías renovables, y también que haya un uso verdaderamente eficiente de la energía. Necesitamos salir del petróleo, el gas y el carbón, y pasar a renovables no convencionales utilizadas sustentablemente. Hay que hacer esta transición por las urgencias climáticas que tenemos. El cambio de clima global es el principal problema socioambiental al que nos enfrentamos como especie. Y una de las principales causas del calentamiento global y el cambio de clima es la utilización de combustibles fósiles. A nivel mundial la situación es muy grave, dependemos de combustibles fósiles en aproximadamente un 80%, y en Argentina en más del 90%. Pero este cambio no puede realizarse de cualquier manera.

¿Cuál  es el desarrollo de las energías renovables en la región?
Es muy desparejo el avance. América latina tiene un poco menos de dependencia de fósiles respecto a los datos globales pero con muchas disparidades, casos interesantes como las iniciativas de Uruguay, o casos complicados como Argentina, donde estamos lamentablemente por encima de la media mundial en lo referente a fósiles, y con energía solar y eólica no llegamos al 1% del total de energía producida.

En América Latina la mayor producción de energía renovable está relacionada con la fuente hidráulica, las represas, que son muy controversiales, porque si bien pueden considerarse energías renovables, han generado muy fuertes impactos por las características de los emprendimientos. El porcentaje de uso de energías renovables no convencionales, como son eólica, solar y biomasa, es todavía muy bajo, salvo el caso de la producción de etanol en Brasil, o el caso de uso de leña en América Central, ambos problemáticos por el impacto en la salud, el uso del suelo y el ambiente.

¿La clave está en investigar nuevas tecnologías?
No, el problema de la energía no es solamente un problema técnico. Es un problema que tiene que ver con cuestiones sociopolíticas, económicas y fundamentalmente sociales por los impactos que está generando la búsqueda de energía en el continente. El impacto del actual sistema energético sobre las comunidades y el ambiente es muy grande, sobre todo por las explotaciones hidrocarburíferas. Recordemos también que la utilización de energías renovables también puede generar un fuerte impacto.

Necesitamos abordar la problemática de la energía con una mirada compleja. Si no logramos desarmar la idea de que la energía es una mercancía, va a ser muy difícil poder construir otra realidad energética. Si la energía es sólo mercancía, va a haber mucho interés por obtener energía sin analizar las necesidades reales de la gente. En un continente con un grave problema de desigualdad, necesitamos concebir la energía como una herramienta para mejorar la calidad de vida de las poblaciones, redistribuir la riqueza y avanzar hacia otro modelo de sociedad. Por eso son tan importantes los procesos de desmercantilización, desconcentración, descentralización de la energía, además del tipo de fuentes que se utilicen.

Está el peligro de ir hacia un sistema energético adornado con muchas fuentes renovables pero manejado por transnacionales, muy concentrado, e inclusive produciendo impactos sociales y ambientales, no tan grandes como las fuentes fósiles, pero sí muy graves. Es el caso de las grandes centrales hidroeléctricas, como Belo Monte en Brasil, que tiene una gran oposición social, porque si bien es renovable, el impacto social y ambiental es altísimo por el gran tamaño y las características del emprendimiento. El tema no es solamente la renovabilidad de la fuente sino la forma en que se utiliza.

¿Conoce de experiencias concretas de producción de energía renovables desde las organizaciones de base, las comunidades, la población, que valen la pena dar a conocer?
Experiencias hay muchísimas, muy variadas, en todo el mundo y en Latinoamérica, a nivel de domicilios, escuelas, comunidades. Son experiencias de baja escala muy importantes por todo lo que ofrecen en cuanto a aprendizaje y cómo generan soberanía. Existen por ejemplo redes de pequeños emprendimientos hidráulicos hechos por cooperativas en el sur de Brasil. El MST [Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra] de Brasil tiene escuelas de formación para el desarrollo de pequeñas centrales hidráulicas, calefones solares. Un ejemplo de Argentina, nosotros estamos trabajando cerca de Rosario, en una localidad pequeña, en un emprendimiento de desarrollo de una red de generación distribuida, con energías renovables. Producimos energía solar y eólica en conexión a la red de baja tensión de una cooperativa. Una experiencia piloto que demuestra la viabilidad de este tipo de acciones.

La crisis energética es parte de la encrucijada del modelo de sociedad, de sus desigualdades e injusticias. A mí me impactó mucho hace unos años participar en encuentros sobre género y energía, coordinados por grupos de mujeres que analizaron la relación entre su condición de mujeres y las formas de producción de energía. Fue una muestra de la amplitud y la fuerza que tiene el debate sobre la energía para entender el mundo, la cantidad de transversalidades que cruza. Hay un desigual reparto de la energía, emprendimientos no sustentables, como las represas, o el uso de leña, impactan más sobre las mujeres. Cuando para hacer una represa, las empresas ofrecían a la gente indemnizaciones, y los hombres aceptaban más rápidamente, las mujeres mostraban más apego al lugar, y cuando se producían desalojos las más afectadas eran mujeres y sus hijos. O cuando se cocina con biomasa, el impacto sobre la salud es más fuerte sobre las mujeres, que son las que cocinan en cuartos con mala ventilación. Es una muestra de que la problemática energética es mucho más que una cuestión técnica.

¿Qué perspectivas tenemos de desarrollo de energías renovables, teniendo en cuenta no afectar negativamente los derechos de las comunidades?
Yo aliento muchas esperanzas para el desarrollo de políticas energéticas a nivel municipal, comunal. Tal vez en un continente como América Latina, donde más están creciendo las urbanizaciones, el pensar las políticas energéticas, apropiarse de las políticas, no delegarlas, sino hacernos cargo de implementar soluciones energéticas en el lugar donde vivimos, discutiendo qué se consume, cómo se consume, y cómo se pueden generar energías alternativas, creo que es un camino deseable y el más posible de llevar adelante. Esto permitiría a comunas, municipios e incluso provincias, discutir las políticas energéticas con los estados nacionales, no someterse a esas políticas. Éste es un camino muy interesante de recorrer en viaje a otra realidad energética.

Es necesaria la democratización de las políticas energéticas, que actualmente están dominadas por un discurso muy técnico, alejado de la gente, que es la que tendría que tener el poder de decisión sobre estos temas. Hay que poner el eje en las necesidades de la gente y a partir de esas necesidades pensar la transición hacia fuentes renovables. Hay que garantizar que la política energética no quede en manos de dos o tres “especialistas” sino que sea patrimonio del conjunto de la población. Estamos a tiempo, hay mucho para trabajar, será una transición difícil pero tenemos las herramientas como para lograrlo, si profundizamos el debate y las experiencias locales concretas. —Noticias Aliadas.


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Pablo Bertinat / Archivo personal
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