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BRASIL
La guerra contra las mujeres y la metamorfosis de la mariposa
José Pedro Soares Martins
08/03/2018
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Se requiere pensar y actuar colectivamente contra el patriarcalismo multisecular, el racismo y la misoginia.

En ese pequeño espacio, de pocos metros cuadrados, la metamorfosis. La génesis de la mariposa. La mujer que sufre la violencia doméstica, que sobrevivió a intentos de feminicidio, intentando salir del capullo de la humillación y alzar vuelo hacia la libertad. En esa sala de la organización SOS Acción Mujer y Familia, que ocupa instalaciones modestas en el centro de la ciudad de Campinas, interior del estado de São Paulo, miles de mujeres que pasaron por experiencias innominables comenzaron a retomar sus vidas. Y una de las responsables de esa transformación es la psicóloga Lucélia Braghini, que hace más de 30 años trabaja en el SOS.

“Antes atendíamos en la emergencia, para acoger a las víctimas de la barbarie. Ahora tenemos muchos servicios y nuestro foco de atención está en la prevención, en el rompimiento del ciclo de la violencia en el ámbito intergeneracional e intrafamiliar”, comenta la psicóloga. El lugar fue pensado para que la mujer tenga total confianza para exponer, contar todo su martirio y comenzar, poco a poco, a escribir nuevos guiones.

Las ciudadanas que pasan por las salas del SOS Acción Mujer y Familia son algunas de las miles, o millones, de víctimas de la guerra desatada contra la mujer en Brasil. Ninguna clase social es invulnerable, ninguna raza es blindada, pero esta guerra tiene objetivos más o menos definidos. La mujer negra y pobre está en el centro de ese belicismo cotidiano, escondido por las sombras del patriarcalismo y del racismo, como muestran muchos estudios.

Mujeres negras, las más afectadas
Uno de los estúdios más contundentes es el Mapa de la Violencia, publicado anualmente por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). El mapa reveló que entre 1980 y 2016 fueron asesinadas 120,207 mujeres en Brasil. El levantamiento de información se realiza con base en el Sistema de Información de Agravios de Notificación (SINAN) del Ministerio de Salud.

Es creciente la tasa de homicidios de mujeres en Brasil por 100 mil habitantes. La tasa era de 2.3 por 100 mil en 1980, saltó a 3.5 por 100 mil en 1990 y a 4.6 por 100 mil en 1996, decayendo un poco después para volver a crecer, llegando a 4.8 por 100 mil en 2013. El año 2014 fue el más violento para las mujeres en la historia reciente de Brasil, con 4,836 asesinatos.

El conjunto de 120,207 mujeres asesinadas en Brasil desde 1980 representa 12 veces más el total de 9,891 muertes en los 30 peores atentados terroristas registrados entre el ataque al World Trade Center el 11 de setiembre de 2001 y el ataque a la casa de shows Bataclan en París, el 13 de noviembre de 2015.

La violencia del patriarcalismo contra las mujeres brasileñas es más intensa en el caso de las mujeres negras y el Mapa de la Violencia es la confirmación. Sólo entre 2002 y 2013, fueron asesinadas 46,186 mujeres en el país y 25,637 eran negras, o el 55% del total. La investigación mostró que los homicidios de mujeres negras crecieron en el período, mientras que cayó el de mujeres blancas. Las tasas de homicidio de mujeres blancas cayeron en 11.9%: de 3.6 por 100 mil en 2003, a 3.2 en 2013. En cambio, las tasas de las mujeres negras crecieron en 19.5%, pasando en el mismo período, de 4.5 a 5.4 por 100 mil.

La escalada de letalidad contra las mujeres en Brasil ya llama la atención de organizaciones nacionales e internacionales como la ONU Mujeres, cuya representante en Brasil, Nadine Gasman, tiene un diagnóstico claro.

“Los datos denuncian otra bárbara faceta del racismo y amplía la reflexión sobre los tipos de violencia sufridas por las mujeres. Es urgente crear conciencia pública de no tolerancia al racismo y acelerar respuestas institucionales concretas en favor de las mujeres negras”,  señala Gasman, quien tiene una larga experiencia en el tema. Ella fue directora para América Latina y el Caribe de la campaña del Secretario General de la ONU “ÚNETE para poner fin a la violência contra las mujeres”. 

Entre las instituciones más preocupadas en erradicar este flagelo está el Ministerio Público. Ejemplo de ello fue la creación del Núcleo de Género del Ministerio Público de São Paulo, el estado más rico y populoso del país.

El Núcleo produjo un informe, que comprueba esta devastadora realidad. “Para las mujeres el lugar más peligroso es su casa”, dice la fiscal Valéria Scarance, coordinadora del Núcleo de Género, resumiendo el informe “Rayos X del feminicidio en São Paulo - Es posible evitar la muerte”, presentado a principios de marzo de 2018.

El documento representa el estudio de 364 casos de feminicidio que derivaron en denuncias presentadas por el Ministerio Público, entre marzo de 2016 y marzo de 2017. De acuerdo con el informe, en el 58% de los casos el agresor utilizó armas blancas (cuchillo, navaja) y en el 66% de los casos los crímenes ocurrieron dentro de la casa de la víctima, corroborando la afirmación de la fiscal Scarance. En el 84% de los casos la víctima tenía relación con el agresor, siendo en el 70% de los casos como conviviente o ex conviviente y en el 14% como cónyuge o ex cónyuge.

Avances y retrocesos
“La violência contra la mujer no es un hecho nuevo.  Lo que es nuevo es la judicialización del problema, entendiendo la judicialización como la criminalización de la violencia contra las mujeres, no sólo por el contenido de las normas o leyes, sino también, y fundamentalmente, por la consolidación de estructuras específicas, mediante las cuales el aparato policial y/o jurídico puede ser movilizado para proteger a las víctimas y/o castigar a los agressores”, afirma el sociólogo Julio Jacobo Waiselfisz, coordinador del Mapa de la Violencia.

De hecho, sobre todo después de la Constitución de 1988, se perfeccionaron los instrumentos y las estructuras oficiales de enfrentamiento de la violencia contra la mujer en Brasil. Proliferaron las Comisarías de la Mujer, los Consejos Municipales de Mujeres, las Casas Abrigo (de refugio) para víctimas e instrumentos como el Ligue 180, número de teléfono por el cual se pueden hacer denuncias anónimas de cualquier tipo de violencia contra las mujeres. Desde 2005, cuando fue creado, el servicio ha recibido más de 6 millones de llamadas.

Uno de los mayores avances para poner freno a la violencia contra la mujer brasileña ha sido la Ley 11.340, de 2006. Ley conocida como Ley Maria da Penha, en razón de la biografía de María da Penha Maia Fernandes, quien sufrió violencia doméstica durante 23 años y se volvió parapléjica a causa de las agresiones.

Sin embargo, la aprobación de la Ley no fue suficiente, así lo muestran datos recientes. El Mapa de la Violencia mostró que tras la entrada en vigor de la Ley Maria da Penha el número de víctimas cayó en 2.1% entre las mujeres blancas y aumentó un 35.0% entre las mujeres negras. El índice de victimización negra en los homicidios de mujeres en Brasil creció del 22.9% en 2003 al 66.7% en 2013.

Los propios legisladores entienden que los mecanismos deben ser mejorados.

“La justicia necesita quitar la venda de los ojos a la violencia contra la mujer y preparar a los aplicadores de la ley para que, aun cuando no logren encuadrar al agresor en uno de los delitos tipificados en la ley, puedan tener en cuenta toda la violencia e impacto psicológico que el acto provocó en la víctima”, dice la diputada federal Ana Perugini, coordinadora general del Frente Parlamentario Mixto en Defensa de los Derechos Humanos de las Mujeres en el Congreso Nacional.

También se han producido retrocesos en esta lucha. Uno de ellos fue el retiro del estatus de Ministerio de la Secretaría Nacional de Políticas para Mujeres, transformada en secretaría del Ministerio de Justicia, cuando el presidente Michel Temer asumió el poder, tras el juicio político a la presidenta Dilma Rousseff, el 31 de agosto de 2016. Juicio político decretado por el Congreso Nacional, formado por una mayoría absoluta de hombres: más del 85% del parlamento brasileño son del sexo masculino.

Mientras se crean o mejoran nuevos instrumentos, que tardan en hacerse efectivos, continúa el accionar de organizaciones como SOS Acción Mujer y Familia. Es fundamental el empoderamiento de la mujer para que ocurra la metamorfosis, afirma la psicóloga Braghini.

Paso importante en ese sentido es trabajar la autoestima, señala. “Es la mejora del autoconcepto. Si me gusto, no voy a permitir que otra persona pise mi callo, no voy a quedarme quieta”, aclara.

La terapeuta admite que el trabajo es inmenso. “Necesitamos miles. Para poder avanzar no basta una sola cabeza que piense. Necesitamos muchas cabezas; pensar y actuar colectivamente contra el patriarcalismo multisecular, el racismo, la misoginia. Necesitamos diseminar ese pensamiento entre el mayor número posible de personas”, concluye Braghini, para iniciar la atención de una nueva candidata a mariposa. Noticias Aliadas.


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Psicóloga Lucélia Braghini, de SOS Acción Mujer y Familia. / José Pedro Soares Martins
Noticias Aliadas / Latinamerica Press
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