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CUBA
Ley de Ajuste sigue siendo motivo de diferendo con EEUU
Daniel Vásquez
28/01/2016
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Miles de cubanos protagonizan crisis migratoria en Centroamérica en su intención de llegar a EEUU como refugiados.

La Ley de Ajuste, que desde hace medio siglo facilita la admisión de cubanos en EEUU como refugiados para vivir y trabajar legalmente, sigue siendo uno de los grandes motivos de reproche de La Habana contra Washington en la nueva etapa de relaciones diplomáticas iniciada hace un año y en especial a raíz de la crisis migratoria que desde noviembre protagonizan miles de isleños en Centroamérica.

El reinicio de las relaciones entre los dos países luego de hostilidades desde la década de 1960 ha sido defendida por el presidente demócrata Barack Obama como un modo de desmontar una política que no ha dado los resultados esperados por la Casa Blanca para promover cambios internos a la isla, así como una aceptación de que la etapa de guerra fría ha terminado y que se requieren políticas más eficaces para influir en la isla comunista y, a la vez, afianzar el liderazgo de su nación en América Latina.

Los discursos conciliadores de Obama y del presidente cubano Raúl Castro el 17 de diciembre de 2014, cuando sorpresivamente hicieron pública la voluntad mutua de restablecer los vínculos diplomáticos, desataron la alarma de miles de personas que temen que el acercamiento entre ambos gobiernos eche abajo el marco legal que ha permitido que ciudadanos cubanos puedan entrar a EEUU desde 1966 clamando la condición de refugiados que huyen del comunismo y al cabo de un año y un día solicitar la residencia permanente.

Los datos oficiales de EEUU revelan la llegada de más de 43,000 cubanos durante el año fiscal 2014-2015 —24,278 arribaron en el año fiscal previo, octubre 2013-septiembre 2014—, lo cual incluye no sólo a quienes recientemente salieron de Cuba, sino también aquellos que estaban establecidos en otros países, pero que aún así continuaban mirado hacia enclaves como la Florida como terreno familiar, especie de tierra prometida donde existen condiciones ventajosas para prosperar en un medio cultural afín.

El pasado año, La Habana redobló sus reclamos contra la Ley de Ajuste, el programa para acoger médicos cubanos, y el asilo para los cubanos que lleguen a suelo estadounidense, con el argumento de que esas políticas ya no tendrían sentido cuando ambos países están normalizando las relaciones y al mismo tiempo pidió el cese del embargo económico, comercial y financiero de más de medio siglo y al cual el gobierno cubano culpa de los fracasos económicos internos.

Así lo reitero el 29 de diciembre pasado, Raúl Castro ante el parlamento cubano cuando declaró que “la política de ‘pies secos-pies mojados’, el Programa de Parole para profesionales médicos cubanos y la Ley de Ajuste Cubano continúan siendo el principal estímulo para la emigración irregular desde Cuba hacia Estados Unidos”, y aseveró que “hemos reiterado al gobierno de Estados Unidos que para normalizar la relación bilateral el bloqueo debe ser levantado y el territorio que usurpa la Base Naval de Guantánamo ha de ser devuelto”.

“Ley asesina”
A lo largo de años, la prensa oficial cubana ha considerado que la Ley de Ajuste es una “ley asesina” porque propicia las salidas ilegales de la isla y que la población arriesgue la vida en alta mar con tal de llegar a la Florida, pero en el 2015 el reclamo se redobló alegando que el éxodo de cubanos provoca inestabilidad en países vecinos por donde atraviesan los isleños, quienes hasta casi finales del año pasado volaban de La Habana a Ecuador y recorrían por tierra unos 5,000 km para llegar a EEUU.

Otros argumentos que históricamente ha enarbolado Cuba contra la mencionada normativa es que provoca un éxodo de fuerza laboral calificada, reclamo que ha sido reforzado desde que recientes estudios demográficos corroboran una tendencia al envejecimiento de la isla, baja natalidad y estancamiento en el crecimiento poblacional. Analistas y prensa oficial han expresado ya su alarma por el impacto de esta situación para el desarrollo económico.

“Hoy un cubano trabaja como promedio para el sustento de cuatro o cinco personas; y se estima que estas cifras se dupliquen. Debemos habituarnos a que funcionaremos, incluso en el ámbito laboral, con una población de 60 años y más en su mayoría”, explicó el sociólogo Antonio Aja, director del Centro de Estudios Demográficos en reciente entrevista con la prensa cubana y alertó de la necesidad de desarrollar políticas públicas para enfrentar ese fenómeno.

Las imágenes de miles de cubanos varados en Costa Rica desde mediados de noviembre, cuando Nicaragua les impidió seguir su ruta terrestre hacia EEUU, alegando una amenaza para su seguridad interna, muestran en gran medida rostros de hombres y mujeres. Muchos de ellos declararon a la prensa tener formación técnica o ser egresados universitarios, y expresaron su deseo de que no regresar a vivir a su patria y explicaron que para emprender el éxodo tuvieron que vender todas sus propiedades.

EEUU ha reiterado a lo largo de los últimos dos meses que por ahora no se valora derogar la Ley de Ajuste. Sin embargo, esas afirmaciones han sido tomadas con cierta incredulidad por la población en La Habana en la medida en que el restablecimiento de las relaciones bilaterales provocó sorpresa generalizada a nivel mundial. De ahí que cubanos entrevistados por Noticias Aliadas, quienes pidieron mantener sus identidades en reserva, confesaron su certidumbre de que ambos gobiernos ya tienen vías de entendimiento que pueden traer otras sorpresas.

“Durante décadas, yo participé en grandes marchas populares en la Plaza de la Revolución y ante la Oficina de Intereses de Washington en Cuba en contra de políticas de los Estados Unidos hacia Cuba y, sin embargo, en el 2014 Raúl Castro no me consultó de ninguna manera sobre si restablecer relaciones con el enemigo”, explica Luisa, habanera de 70 años, para fundamentar su opinión de que los presidentes de ambos países han optado por ponerse de acuerdo y luego informar públicamente de sus decisiones. “Ahora espero cualquier otra sorpresa”, afirma.

Por otra parte, el estallido de la crisis en noviembre, cuando el gobierno del presidente Daniel Ortega en Nicaragua, aliado de La Habana, repelió por la fuerza la entrada de cubanos a través de su frontera, seguido por el anuncio de Ecuador de que se restablecía el requisito de visado para los cubanos, alimentaron rumores en Cuba de que el gobierno de la isla estaría presionando para que el incidente de compatriotas varados en Centroamérica sirviera para señalar a EEUU como gran responsable de la crisis.

Protestas en La Habana
La prensa oficial cubana tardó días en reaccionar y dar cuenta de los incidentes. El descontento por la repentina reanudación de los requisitos de visado para viajar a Ecuador motivó que cubanos que ya habían comprado su pasaje para Quito se concentraran a fines de noviembre frente a esa legación diplomática en La Habana y expresaran su descontento clamando contra el gobierno ecuatoriano y contra el propio con gritos de libertad pese a la presencia de efectivos y cámaras policiales, protestas inusuales en la isla.

“Yo lo vi todo”, afirma Marisa, vecina de La Habana, que acompañó a su hijo al consulado ecuatoriano cuando sorpresivamente fue restablecido el requisito de visado para los cubanos. “La gente protestó sin miedo y reclamó que los funcionarios ecuatorianos dieran explicaciones”.

El tema del éxodo migratorio ha sido una constante en Cuba desde la llegada de Fidel Castro al poder en 1959. Durante décadas, el ansia de los cubanos por marcharse al territorio vecino fue interpretada como la máxima expresión de desacuerdo con el proyecto socialista. Quienes partían clamaban para sí la condición de exiliados y por lo general tenían que soportar tortuosos trámites o marcharse ilegalmente, pero ahora el éxodo del siglo XXI entraña además una carga fuerte de descontento económico.

El éxodo hacia EE.UU expone de modo concentrado contradicciones internas de la isla. El gobierno de Raúl Castro ha promovido reformas económicas como propiciar el trabajo por cuenta propia, ofrecer tierras en usufructo para los campesinos, y la apertura de negocios privados de alojamiento, transportación y gastronomía. Sin embargo, estas políticas no han prosperado tan rápido que puedan motivar esperanzas de jóvenes y profesionales como para esperar tiempos de prosperidad, pero, por otra parte, el beneplácito puesto por el propio gobierno en la llegada de turistas estadounidenses con dólares alimenta tácitamente en el imaginario la imagen de que el progreso local sigue imbricado a los nexos con el vecino norteño.

Lo cierto es que el flujo de cubanos hacia EE.UU tiene una historia que se remonta al siglo XIX y ha gravitado sobre la isla, sus políticas y relaciones diplomáticas. Un eventual cese de la Ley de Ajuste cubano supondría un cambio de escenario, pero no el cese de los estrechos vínculos migratorios con EEUU, donde existe una comunidad de origen cubano estimada en unos 2 millones de personas.
—Noticias Aliadas


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Venta de productos agrícolas, uno de los trabajos por cuenta propia autorizados por el gobierno de Raúl Castro. / Daniel Vázquez
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