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NICARAGUA
Amas de casa en riesgo de contraer VIH
Carmen Herrera
24/03/2017
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Organismos internacionales reconocen políticas de prevención y atención a personas infectadas con VIH pero diagnóstico tardío puede elevar mortalidad.

A pesar de que persiste el peso cultural y religioso que estigmatiza y discrimina a las personas infectadas con el VIH, que se publiquen datos oficiales inciertos de programas que no incluyen a las mujeres dentro de las poblaciones en riesgo y al hecho de que hace falta una permanente visibilización de campañas sobre la pandemia, Nicaragua es reconocida por organismos internacionales como un país ejemplo que está cumpliendo con la estrategia 90/90/90.

Esta estrategia consiste en el cumplimento para el 2020 de la meta 1: aumentar al 90% la proporción de personas con VIH que conoce su diagnóstico; meta 2: aumentar al 90% la proporción de personas bajo tratamiento antirretroviral; y meta 3:  que el 90% bajo tratamiento tenga carga viral suprimida.

La estrategia es impulsada desde el 2014 por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y aplica a la certificación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para ser registrado como Estado con un índice cero de transmisión del virus de la madre al hijo o hija, validación únicamente alcanzada por Cuba y reconocida por esta organización.

“El problema en Nicaragua es que todos los proyectos de VIH han sido dirigidos a poblaciones claves: diversidad sexual, trabajadores sexuales, a hombres que tienen sexo con hombres, a poblaciones  móviles como militares del Ejército, bisexuales. Pero, ¿dónde quedan las amas de casa, las mujeres que no pueden exigir un condón a su marido, las que tienen un matrimonio o una relación estable, pero no saben con quién tiene relaciones sexuales el marido? No sabemos si se está cuidando en la calle, si este hombre se está relacionado con dos o tres chicas trans o chicos gay y luego llega a su casa, entonces es una cadena infecciosa, de reinfecciones. El hecho de mantener concentrada con el seguimiento a estas poblaciones no permite saber con exactitud cómo están las amas de casa”, expresó a Noticias Aliadas, Mística Guerrero, lideresa de la  Organización de Personas Transgénero de Nicaragua (ODETRANS), que apoya a personas con VIH.

En el país, 11,000 personas han sido diagnosticadas con el virus desde que se detectó el primer caso en 1987, dijo a Noticias Aliadas, José Tomás Morales, promotor de El Fondo Mundial de lucha contra el sida, la tuberculosis y la malaria para Nicaragua.

El proyecto del Fondo Mundial para la Lucha contra el VIH “Nicaragua Fortalecida en la Prevención y la Atención de la Salud para la Población Clave con VIH en el Marco de la Sostenibilidad de la Respuesta” —administrado por el Centro de Investigaciones y Estudios de la Salud (CIES), que forma parte de la Comisión Nicaragüense del Sida (CONISIDA)—, trabaja con la estrategia denominada Conjunto Integral de Acciones de Prevención (CIAP), que consiste en brindar información, acceso a condones, accesibilidad de lubricantes a base de agua y realización de la prueba de VIH, en las poblaciones identificadas: hombres que tienen sexo con hombres, población trans y trabajadoras sexuales.

Información restringida
Sin embargo, el ex director de Epidemiología del Ministerio de Salud y actual presidente de la Sociedad Nicaragüense de Médicos Generales, Leonel Argüello, afirmó a Noticias Aliadas que existe un sub-registro de casos de personas con VIH, principalmente de mujeres en el campo, que no se puede comprobar, ya que las autoridades estatales no brindan información de manera pública y las organizaciones de la sociedad civil que atendían a esta población han descendido de 17 a siete en los últimos cinco años.

Esta situación, según Argüello, afecta los programas de prevención, ya que únicamente el gobierno controla las actividades que se realizan en favor tanto de la prevención como de la atención a poblaciones vulnerables como a las mujeres que viven en el campo y las que trabajan en sus casas, y el gobierno no cubre lo que ocurre con personas que son atendidas en las múltiples clínicas privadas pequeñas y grandes que existen en todo el país o mujeres del campo que no asisten a los centros de salud.

“Es el hombre, en el caso del campo, el que sale de la casa a la ciudad a hacer las compras y de paso va a los bares, a las casas de citas y ese hombre regresa a su casa y no sabe que pudo haber contraído el VIH o cualquier otra enfermedad venérea”, sostiene Argüello.

“El país ha clasificado el VIH como de población concentrada y por ello ha dirigido los programas de prevención a esas poblaciones clave porque tienen que ver con el costo beneficio; cada reactivo y cada prueba tiene un costo. Como país, se quiere captar a la mayor cantidad de personas con VIH de manera temprana para que estas acudan a recibir su tratamiento, vincularla con la unidad de salud. Sabemos que entre más rápido se capte una persona tiene más posibilidades de tener mejor calidad de vida”, asegura Morales.

Para Argüello, si bien hay serios problemas para enfrentar la pandemia del VIH, Nicaragua esta mejor que otros países de la región por sus antecedentes de control del mercado de sangre, pues desde que triunfó la Revolución Popular Sandinista en 1979 se prohibió la venta de sangre, se daba educación sexual en las escuelas y se inició tempranamente con programas de prevención desde que surgió el primer caso en 1987.

Sin embargo, considera que hubo un retroceso en las décadas de 1990 y 2000 con el ascenso de gobiernos afines a los intereses de la Iglesia Católica que promueve la reproducción, prohíbe la educación sexual y el uso de anticonceptivos.

“Sumado a estos problemas ahora no hay educación sexual desde el Estado, no hay una campaña permanente sobre el VIH, lo que se traduce en que la población siente que no está en riesgo y por lo tanto no se protege”, precisa.

Sin cifras sobre mortalidad
A pesar de que el actual gobierno sandinista tiene una clara inclinación religiosa y alianzas políticas y económicas con el sector más conservador de la Iglesia Católica y la empresa privada, hace ingentes esfuerzos por promover y facilitar en los centros de salud métodos anticonceptivos, según los entrevistados.

En cuanto al proceso de prevención, el gobierno está aplicando con éxito la estrategia 90/90/90 de la OPS. Asimismo, Morales indica que Nicaragua está aplicando ante la OMS para ser validado como país que ha eliminado la transmisión de madre a hijo del VIH, ante el logro de que sólo el 2% de mujeres con VHI transmite el virus al hijo/a.

En relación a la afirmación del gobierno que dice atender al 70% de la población con VIH, Guerrero considera que “este dato es real porque yo he visto en los hospitales la entrega de medicamentos donde las personas tienen su control; hay personas que tienen más de cinco años de estar con VIH y toman su medicamento y no hay ningún problema. El problema está en el diagnóstico tardío. Si llegas en malas condiciones a un centro de salud o a un hospital y no tienes acceso a ningún medicamento, ya no es responsabilidad del  Estado, es una cuestión personal, del contexto social, a las personas de la diversidad sexual les da pena [vergüenza] ir a hacerse el examen del VIH y hasta pedir condones”, sostiene.

Y aunque en Nicaragua el VIH no es una de las principales causas de muerte, lo cierto es que no hay un registro específico de las personas fallecidas a causa del virus.

“En la actualidad, no debería haber muertes asociadas al VIH porque tenemos un tratamiento que es de primera línea, la persona que se adhiere al tratamiento va a tener la misma expectativa de vida que otra persona que no tiene el virus. En el país el VIH se toma como una enfermedad crónica”, afirma Morales.

Sin embargo, para Guerrero, los casos de VIH han crecido.

“Actualmente lo que vemos es la mortalidad asociada al VIH, y eso lo vemos por un estado avanzado de sida”, señala. Añade que, por ejemplo, en el Hospital Manolo Morales en Managua llegan a morir dos a tres personas en un día por VIH avanzado, “cuando en Nicaragua hay medicamentos antirretrovirales que pueden mejorar la vida de las personas, donde hay de dos a tres organizaciones que tienen grupos de auto apoyo que pueden apoyar a las personas a mejorar su calidad de vida, pues es una enfermedad crónica, no es una condición de muerte”.

“Las personas no se dan cuenta porque no acuden al sistema de salud, no se dan cuenta lo que está pasando, no tenemos estadísticas reales. Yo siento que hay un crecimiento de VIH y eso lo arroja la mortalidad que hay en los hospitales por [la fase más avanzada de la infección por] este virus”, concluye. —Noticias Aliadas.


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Mística Guerrero, lideresa de la Organización de Personas Transgénero de Nicaragua (ODETRANS) que apoya y acompaña en sus tratamientos a personas trans con VIH. / Carmen Herrera
Noticias Aliadas / Latinamerica Press
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