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AMÉRICA LATINA
“Lo que buscan quienes emigran a otras denominaciones cristianas es afecto, acogida, cercanía”
Paolo Moiola
12/03/2017
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Entrevista con Jorge García Castillo, sacerdote comboniano y periodista

El padre Jorge García Castillo, mexicano, es misionero comboniano y sacerdote desde hace 33 años. Estudió periodismo entre 1984 y 1988 en la Escuela Carlos Septién García de la Ciudad de México. Luego de seis años de trabajo en la revista comboniana Esquila Misional y de haberse titulado en periodismo con una tesis sobre Mafalda —el personaje de la historieta del dibujante argentino Joaquín Lavado “Quino”—, se trasladó a la provincia del Perú de la congregación de los Misioneros Combonianos, donde tuvo una experiencia pastoral en la parroquia de los Doce Apóstoles ubicada en Chorrillos, al sur de Lima. Luego trabajó por casi ocho años como director de la revista Misión sin Fronteras de la que salió en setiembre del 2000 por problemas con la arquidiócesis de Lima, particularmente con el cardenal Juan Luis Cipriani, y el régimen de Alberto Fujimori (1990-2000).

A su regreso a México en el 2001, se encargó de una parroquia indígena en Metlatonoc, Guerrero, en la sierra mixteca, el segundo municipio más pobre del país. Entre el 2008 y el 2016, trabajó en la curia general de Roma, en el Secretariado General de Animación Misionera. A partir de enero de este año regresó a su país para ser director de las revistas Esquila Misional y Aguiluchos.

Paolo Moiola, colaborador de Noticias Aliadas, conversó con el padre García Castillo sobre el crecimiento de las Iglesias Evangélicas en América Latina.

Usted ha trabajado en el Perú y México. En esos países ha tenido la oportunidad de ver el crecimiento de las nuevas Iglesias Evangélicas, especialmente aquellas conocidas como neopentecostales.
Efectivamente. Recuerdo que en la primera visita pastoral de Juan Pablo II a México [enero de 1979] y la inauguración de la Asamblea de Puebla [III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano] se insinuaba ya este problema. El mismo Papa se refirió a él con una especie de chiste diciendo que el 90% de los mexicanos eran católicos y el 100% guadalupanos. Lo cierto es que el porcentaje de cristianos no-católicos superaba el 10% y en ese porcentaje había iglesias cristianas históricas, grupos evangélicos y neopentecostales. La mayoría de ellos en abierta oposición al culto a la Virgen de Guadalupe, pero no solamente eso. Tanto las iglesias históricas como el “evangelismo” iban ganando terreno y se intentaba contrarrestar su efecto con métodos no siempre acertados y, peor aún, eludiendo una autocrítica por parte de la Iglesia Católica y un compromiso más serio en la evangelización y cercanía al mundo de los pobres y del dolor.

En el Perú la situación era muy similar, pero allá, debido a una aguda crisis económica, política y social y el terrorismo de Sendero Luminoso y del Estado, el acercamiento de la gente sencilla era más hacia las Iglesias Evangélicas de origen brasileño como “Pare de Sufrir” [ligada a la Iglesia Universal del Reino de Dios de Edir Macedo], entre otras.

Era muy común ver grupos evangélicos de reciente fundación reunirse en estructuras sencillísimas, y otras más grandes y estructuradas en salones que antes habían sido cines, teatros o salas de espectáculos. Esto sobre todo en los barrios pobres de Lima, o en los llamados pueblos jóvenes [donde viven familias en pobreza y extrema pobreza].

Tanto las Iglesias Protestantes históricas (Luterana, Anglicana, Metodista, Presbiteriana, Bautista, Adventista) como las Iglesias Evangélicas tienen como punto de referencia absoluto a la Biblia. ¿Esta afirmación es verdadera?
Así es, todas ellas tienen como fundamento absoluto a la Biblia. La diferencia está en la manera como se lee y se interpreta el Libro Sagrado. Mi percepción es que en las Iglesias Protestantes históricas existe un esfuerzo por realizar una lectura científica, histórica y contextualizada, en no pocos casos incluso con una impostación liberadora, fruto de una lectura popular y militante de la Palabra. Situación parecida a la de las comunidades eclesiales de base, los teólogos y exégetas de la llamada Teología de la Liberación.

En cambio en muchas iglesias de corte “neopentecostal”, el enfoque era espiritualista y literal “sola scriptura” [la Biblia es la única fuente autorizada para la fe] y, en el peor de los casos, fundamentalista. Pienso en los casos extremos como los “predicadores electrónicos” que echaban mano con mucho éxito de la radio y la televisión alcanzando amplios sectores del mundo urbano y del mundo andino.

No se puede generalizar y tampoco se podría decir que un acercamiento a las Sagradas Escrituras era bueno y otro malo. Por otro lado, también en las Iglesias históricas, incluida la Católica, se hacía una lectura fundamentalista.

Se dice que, por lo menos en los comienzos, las Iglesias Evangélicas llegaron a América Latina a partir de un programa estratégico de EEUU que quería claramente debilitar a la Iglesia Católica, vista como un enemigo de su dominación en esos países, considerados como su “patio trasero”. El principal temor era la Teología de la Liberación, la opción preferencial por los pobres, la exigencia de una mayor justicia económica. ¿Todo esto es verdad o es solamente una hipótesis política?
En buena parte es verdad. Dos momentos muy importantes son el Informe Rockefeller de 1969, tras la gira por Latinoamérica del entonces gobernador republicano de Nueva York, Nelson Rockefeller, para determinar la política exterior del expresidente Richard Nixon (1969-74). La hipótesis del informe era que la Iglesia [Católica] ya no era una aliada incondicional de EEUU y que en su seno se estaba gestando una revolución que habría que contrastar con la implantación de otras iglesias o confesiones evangélicas.

Se buscaron aliados también en altos mandos militares preparados en la Escuela de las Américas [hoy Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación en Seguridad] que entrenó soldados y oficiales para combatir a los grupos de izquierda de filiación católica. Gran cantidad de catequistas, delegados de la Palabra, religiosos, sacerdotes y obispos fueron asesinados en México, Guatemala, El Salvador, Brasil, Ecuador, Argentina, Chile, etc.

En este campo era patética y escandalosa la complicidad de obispos, cardenales, nuncios. El caso más conocido es quizá el del cardenal Angelo Sodano, actual decano del Colegio Cardenalicio, amigo personal del golpista y criminal chileno Augusto Pinochet [1973-90].

Otro momento crucial se dio durante el gobierno del presidente estadounidense Ronald Reagan [1981-89] que creó en 1981 el Instituto Democracia y Religión para integrar a las Iglesias Evangélicas y financiar su predicación en el continente para contrarrestar la acción liberadora y concientizadora de otras iglesias.

En los países de América Latina, el porcentaje de católicos ha pasado del 80% en 1995 al 63% en el 2013 según la Corporación Latinobarómetro. Asimismo, el Centro de Investigaciones Pew asegura que muchos católicos ingresaron a denominaciones evangélicas, que en el 2014 aglutinaban el 19% de personas con afiliación religiosa.  ¿Cómo explica este abandono? ¿Qué buscan estos cristianos?
El fenómeno es muy complejo. Las causas son muchas y algunas de ellas estructurales. Si entiendo bien una de las causas principales es la escasa evangelización y formación de los católicos. La mayoría de los pastores nos conformamos con una pastoral sacramental con escasa profundización de la fe. A este propósito don Sergio Méndez Arceo, obispo de Cuernavaca, Morelos, y uno de los pastores más valientes y controvertidos de México después del Concilio Vaticano II [1962-65], hablaba de los “cristianos remojados” o “anagráficos”, herederos de una tradición más que de una vivencia de fe.

Lo que buscan quienes emigran a otras denominaciones cristianas es afecto, acogida, cercanía; una iglesia menos piramidal y más ministerial, en la que todos tengan voz y voto, fruto todo esto de una apropiación del bautismo y el sacerdocio común de los fieles. A esto se añade también un papel protagónico de la mujer que en el caso de la Iglesia Católica la relega a servicios de tipo práctico y la excluye de puestos de responsabilidad, algo que sí se da en otras iglesias históricas y denominaciones más libres.

A la segunda parte de la pregunta “que buscan” respondo así: buscan soluciones y respuestas a la vida de todos los días. Hay gente que sobrevive en condiciones de pobreza, de inseguridad, de violencia, de falta de trabajo, de falta de salud, de una casa. Buscan cercanía afectiva y efectiva; comunidades más ministeriales y menos piramidales. Desean un culto menos rígido, más libre y espontáneo, donde son protagonistas y no consumidores de algo que se entrega en paquete, ya confeccionado.

En muchos países latinoamericanos se han dado escándalos de pedofilia en la Iglesia Católica. ¿En qué medida estos escándalos han contribuido a la pérdida de fieles?
Estadísticamente no creo que sean muchos los cristianos que hayan abandonado la iglesia por estos motivos. A pesar de sus pecados y contradicciones —en ciertos casos más que de pecado se debería hablar de delitos—, la Iglesia Católica sigue siendo una de las instituciones más creíbles, sin excluir que su ascendencia moral y espiritual se vea afectada por el escándalo de casos como los que usted menciona.

Afortunadamente mucha gente tiene su fe y su confianza puesta en Dios y en Jesús, y eso permite que sigan dentro de la iglesia a pesar de todo. Para la gente sencilla, menos instruida quizá, no es difícil perdonar las conductas escandalosas de sacerdotes, religiosos y clérigos. Entre los casos más sonados están los Legionarios de Cristo, congregación religiosa fundada por [el sacerdote mexicano] Marcial Maciel, y los laicos pertenecientes a Regnum Christi que  siguen contando con el apoyo y la simpatía de mucha gente que estuvo siempre sosteniéndolos.

A pesar de eso,  la Iglesia Católica tiene el deber de reparar y acompañar a las víctimas, estar cercana a ellos y reparar en justicia el daño causado. Todo tiene un límite, también la paciencia de la gente y habría que actuar con urgencia antes de que sea demasiado tarde y entonces se dé un éxodo masivo.

¿Cuáles son los instrumentos de atracción de las nuevas Iglesias Evangélicas? Recuerdo unos: la teología de la prosperidad, la promesa de curaciones milagrosas, la capacidad de convencer a las personas con los más modernos instrumentos de marketing…
La respuesta está en buena parte en la pregunta. Para mí el problema está en la intención detrás de estas “teologías”, que es el interés de pastores inescrupulosos. Uno de los casos más sonados es el del pastor Cash Luna [Guatemala], que se enriqueció hasta lo increíble explotando la fe y, en no pocas ocasiones, la ignorancia y la buena fe de sus seguidores.

Las promesas, de prosperidad, de sanaciones milagrosas, y muchas otras son muy redituables. La gente que no tiene acceso a la sanidad, tanto a la pública como a la privada, pone su última esperanza en taumaturgos de todo tipo que acompañan sus rituales con elementos que tocan la sensibilidad y la susceptibilidad de la gente. Pero esto no sólo en el ámbito evangélico. Yo mismo he sido testigo de lo que sucede con las famosas misas de sanación en ocasión de las cuales se monta un mercado de lo sagrado con venta de aceite y agua benditos, libros, CDs, videos del taumaturgo de turno y un sinfín de objetos de devoción.

En América Latina los pobres, los más humildes, han sido atraídos más por la teología de la prosperidad que por la Teología de la Liberación.
Creo que los pobres, no todos por supuesto, han sido atraídos más por la teología de la prosperidad que por la Teología de la Liberación por su misma situación de pobreza, dolor y explotación seculares. Las promesas de prosperidad son más tentadoras por su inmediatez que la esperanza propuesta por la Teología de la Liberación. Un proceso, lento, gradual, sufrido y conflictivo en el que muchas veces se termina pagando con la propia vida.

Es más fácil esperar una solución de lo alto [de Dios] que colaborar con él para derrumbar los obstáculos y crear nuevas estructuras en las que reinen la paz, la justicia, la equidad.

Entrar en la dinámica de la verdadera fe —propuesta por la Teología de la Liberación— tiene un precio alto que no todos están dispuestos a pagar. Muchas veces el testimonio de los mártires y los profetas, en lugar de animar y estimular, dan miedo. No se quiere terminar como ellos. —Noticias Aliadas.


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