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PERÚ
Biogás, energía limpia transformando guano de cuy
Graciela Ramirez Ramirez
12/02/2017
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Proyecto transforma desde hace 23 años el guano de cuy en biogás y bioabono con propiedades mejoradas.

Pequeño en tamaño pero grande en bondades, el cuy o conejillo de indias es una especie originaria de los Andes sudamericanos, donde se le domesticó y en el Perú ha sido una importante fuente alimenticia desde la época preincaica. Este pequeño roedor no sólo es reconocido por el alto valor nutricional y medicinal de su carne, sino que también destaca por las excelentes propiedades de su abono en la agricultura.

Pero el uso de su abono tuvo un giro innovador hace 23 años cuando la ingeniera agrónoma Carmen Felipe-Morales Basurto, profesora de la Universidad Nacional Agraria La Molina, en Lima, desarrolló junto a sus estudiantes un proyecto tecnológico que permitía aprovechar los desechos excretales del cuy para convertirlo en bioenergía, al mismo tiempo que obtenían bioabonos con mejores rendimientos.

Es así que junto a su esposo y también ingeniero agrónomo Ulises Moreno promueven el desarrollo de tecnologías que sean respetuosas con el ambiente y fomentan el principio de reciclaje trófico —reutilización de residuos orgánicos—, con la esperanza de que este proyecto energético a bajo costo sea también implementado en zonas rurales del país, donde se resolverían muchas necesidades de energía calorífica y eléctrica.

Todo comenzó cuando Felipe-Morales y Moreno emprendieron la aventura de su vida, no sólo como esposos, sino también poniendo en práctica todos sus conocimientos sobre agronomía desarrollando la agricultura ecológica en una pequeña finca ubicada en el cálido distrito de Pachacámac, asentado en la cuenca del río Lurín, al sur de Lima.

Es así que sacaron adelante su finca, que en ese entonces era un terreno eriazo, y la convirtieron en un pequeño campo de cultivos diversificados, y para no depender de insumos químicos como fertilizantes y pesticidas, desarrollaron sus propias tecnologías para producir bioabonos a base de guanos de animales, aprovechando al máximo todas las materias orgánicas generadas en su finca, en especial el guano del cuy.

Los biodigestores
Sus incansables investigaciones los llevaron a trabajar con biodigestores modelo chino —contenedores herméticos que permiten la descomposición de la materia orgánica en condiciones anaeróbicas (sin aire) y facilita la extracción del gas resultante para su uso como energía—, una tecnología que al día de hoy pocos recuerdan que permite procesar el estiércol del cuy. El resultado fueron tres productos altamente beneficiosos.

“Por un lado, el biodigestor produce biogás, que es un ahorro de energía para la cocina, pero también nos produce el biol que es un activador del crecimiento y afloración —hormonas naturales—, que utilizamos para aplicar a los cultivos y que se obtiene todas las semanas. También, se obtiene un sólido, similar al lodo, que es el biosol, con propiedades incluso mejores que el compost”, señala Felipe-Morales. La obtención del biogas, es posible gracias a los biodigestores modelo chino, una tecnología que llegó al país en la década de 1970, a través del Programa de Energías Renovables impulsada por el gobierno militar (1968-80).

A través de un convenio, en la finca se construyó un biodigestor con una capacidad de 10 m3 con fines investigativos. Este se edificó bajo tierra con ladrillos y cemento. En la superficie, se puede observar tres embocaduras alineadas horizontalmente, en la primera se deposita la carga de la materia orgánica, compuesta por el guano del cuy mezclado con restos de tallos y hojas de maíz (pre-compost), parcialmente descompuestos. A esta mezcla se le agrega agua y un componente importante, que es el rumen: órgano digestivo de los vacunos que contienen las bacterias anaeróbicas que ayudarán a la descomposición de esta materia en el biodigestor y que posteriormente se transformará en gas metano y bioabonos.

En la embocadura del centro, que es por donde se retira el biogás a través de una conexión de tuberías, la compuerta está bien asegurada para contener la presión del gas que ahí se produce. En la última abertura, que conecta a un pozo, se deposita un líquido resultante, llamado biol, el cual es muy útil y beneficioso para la producción de cultivos.

“Cada semana retiramos 200 litros del biol y reponemos con 200 litros de pre-comspost y agua, para tener de manera continua biogás y biol cada semana. El modelo permite la carga semi continua. Ahora, si la gente lo deseara solo por el gas lo puede cargar de manera diaria. Al cabo de un año, alimentándolo cada semana, tenemos que descargarlo de un lodo que se acumula; es otro abono”, indica la ingeniera agrónoma.

Experiencia sustentable y calidad de vida
Felipe-Morales comenta que cuando comenzó a trabajar con esta tecnología junto a sus alumnos de la Universidad Agraria La Molina, descubrieron que el guano del cuy proporcionaba más cantidad de gas a diferencia del guano de otros animales.

“Una cosa interesante que encontramos es que el guano de cuy tiene un poder energético que supera hasta tres veces el guano de vaca y eso es un gran potencial para las familias que crían cuy. Por ejemplo, un biodigestor de 10m3 de capacidad alimentada con guano de vaca, y eso ha sido comprobado con investigaciones, debe producir 1m3 de gas. El guanito del cuy produce hasta 3m3 de gas diarios, o sea tres veces más. Eso alcanza por ejemplo para cuatro o cinco horas de uso diario en la cocina, además este se puede ir almacenando”.

Cada año durante el mes de marzo, Felipe-Morales y Moreno llevan a cabo un curso teórico y práctico en el que enseñan el mecanismo del biodigestor para que esta experiencia sea replicada en otros lugares.

“En muchas zonas rurales aún se utiliza la bosta para cocinar, la secan y la queman y eso sí genera muchos gases tóxicos y muchas enfermedades respiratorias. Se está contaminando y están mal utilizando los guanos que deberían regresar al campo. En cambio con un biodigestor, las poblaciones tuvieran una fuente de energía limpia y barata y tendrían sus bioabonos y podrían vender los excedentes”, afirma Felipe-Morales.

Actualmente, la pareja, junto con sus dos hijos Miguel y Enrique, han transformado sus conocimientos en calidad de vida, en su pequeña finca de una hectárea, con árboles frutales y cultivos diversos, donde apuestan por un sistema autosustentable con la práctica de la agricultura ecológica y con la generación de su propia fuente energética limpia.

“Pedimos que transformen sus conocimientos científicos y tecnológicos en calidad de vida, no monetaria”, señala Moreno. “Nosotros, pasando del discurso al hecho, hemos trasformado esta finca en este paraíso para vivir, y en vez de escondernos, todo lo que hacemos es abrir nuestra puerta, nuestra mente, nuestro corazón para compartir lo que sabemos y lo que hacemos, motivando a las personas a que promuevan una práctica sustentable, de sustento de vida, y motivamos a que las familias campesinas peruanas no abandonen sus chacras”.

El sueño de Felipe-Morales y Moreno  es que muchas más personas se animen a seguir su ejemplo y su filosofía de vida, compartiendo todo lo que saben en su finca “Bioagricultura Casa Blanca”, convertida además en un centro de investigación y capacitación en agricultura ecológica y ecoturismo, donde demuestran que es posible el vivir bonito aplicando conocimientos científicos y tecnológicos en armonía y respeto con el medio ambiente. —Noticias Aliadas.


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Carmen Felipe-Morales Basurto y Ulises Moreno comparten sus prácticas sustentables y filosofía de vida motivando a otras personas a seguir su ejemplo. / Graciela Ramirez
Noticias Aliadas / Latinamerica Press
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