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GUATEMALA
GUATEMALA: Empresas extranjeras plagian diseños ancestrales mayas
Louisa Reynolds
15/12/2016
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Mujeres indígenas luchan por derechos de autor y propiedad colectiva sobre los tejidos mayas.

El caso de una mujer maya que fue amenazada con una demanda por una diseñadora italiana si se atrevía a producir tejidos con el mismo diseño que le había encargado se ha convertido en la punta de lanza de una batalla legal emprendida por mujeres indígenas guatemaltecas que buscan proteger un arte ancestral.

La tejedora, originaria de Santiago Sacatepéquez, municipio de población mayoritariamente maya kakchiquel, ubicado a 27 km al noroeste de Ciudad de Guatemala, ha preferido mantener su identidad bajo reserva por temor a represalias por parte de la diseñadora.

“[La diseñadora] le pagó y le dijo: ‘Aquí le estoy pagando pero no saque el mismo diseño porque yo lo voy a registrar entonces la puedo demandar. Hay una ley que me respalda’”, dijo a Noticias Aliadas Angelina Aspuac, integrante de la Asociación Femenina para el Desarrollo de Sacatepéquez (AFEDES), organización indígena de base que busca reformar la ley de propiedad intelectual vigente de manera que esta incluya la propiedad colectiva de los pueblos mayas sobre sus diseños ancestrales.

El 6 de mayo, AFEDES interpuso un recurso de inconstitucionalidad en contra de la ley actual, bajo el argumento de que el no reconocimiento de los derechos colectivos de los pueblos indígenas sobre sus diseños ancestrales constituye un vacío legal del cual se han aprovechado empresas extranjeras que están plagiando sus diseños.

En una audiencia que se llevó a cabo el 28 de junio, AFEDES instó a la Corte de Constitucionalidad a modificar la presente ley de manera que las creaciones de las tejedoras mayas puedan gozar de la misma protección legal que las de un autor o un músico.

“Hemos encontrado piezas de ropa con nuestros diseños en tiendas famosas en Washington y Nueva York pero dicen ‘made in China’; no hay reconocimiento de la autoría”, afirma Aspuac.

Las tejedoras guatemaltecas siguen el ejemplo de batallas legales similares ganadas por grupos indígenas en otros países, como Panamá, donde se aprobó, en el 2000, una ley que reconoce la propiedad intelectual colectiva. Bajo esta ley, los pueblos indígenas deben recibir un porcentaje de regalías por la reproducción de sus diseños ancestrales. 

En EEUU,  la tribu Navajo también emprendió en el 2012 una acción legal por violación a la propiedad intelectual, en contra de la cadena minorista Urban Outfitters, por lanzar al mercado la marca de ropa y accesorios “navajo” sin pagarle las regalías correspondientes.
El 19 de noviembre, ambas partes llegaron a un acuerdo bajo términos que han mantenido bajo reserva. En caso de no haber llegado a un acuerdo, la ley federal hubiera obligado a Urban Outfitters a pagarle a la tribu Navajo hasta US$1,000 por día y por cada tipo de artículo o vitrina en el que se utilizó el nombre.

Precios irrisorios por textiles finos
Aspuac explicó que las mujeres mayas practican el arte del tejido para preservar su cultura ancestral, no como una actividad lucrativa. Los códices mayas contienen representaciones de mujeres tejiendo con telares de cintura, tal como siguen haciéndolo actualmente.

Pero la pobreza extrema en que viven ha obligado a un creciente número de tejedoras a vender un huipil (blusa maya tradicional que una tejedora tarda hasta tres meses en bordar) por menos de $13 cuando los diseñadores de accesorios étnicos venden bolsos confeccionados con textiles típicos por hasta $1,000.

No es de sorprenderse que las tejedoras acepten precios tan bajos por sus tejidos dado que las mujeres indígenas son el grupo demográfico más marginado y vulnerable de todo el país. Según las cifras oficiales, un 40% de la población guatemalteca es indígena y las mujeres mayas tienen los peores indicadores de desarrollo humano dentro de la población indígena. Mientras que la tasa de alfabetización promedio de la población indígena de 15 años o más es de 51%, solo el 37.1% de las mujeres indígenas sabe leer y escribir.

Para bajar los costos de producción y maximizar sus ganancias, muchos diseñadores compran tejidos de segunda mano por $0.06, muchos de los cuales son piezas históricas de gran valor cultural, que son despedazados para confeccionar calzado o cinchos.

“Las empresas están comprando los textiles usados que muchas veces tienen un valor histórico, que recogen nuestro profundo amor por la vida, y que se va a formar parte de accesorios como zapatos sin que haya un reconocimiento de lo que significa para para nosotros, los pueblos [indígenas]”, afirma Aspuac.

Las mujeres que están luchando por modificar la ley de propiedad intelectual vigente recalcan que no están tratando de impedir que otras tejedoras vendan sus creaciones si desean hacerlo y que bajo la nueva ley, las comunidades decidirían, de manera colectiva, qué diseños deben ser preservados como parte de su cultura ancestral y cuáles pueden ser reproducidos y vendidos con fines lucrativos.

Un legado de racismo
La antropóloga maya Sandra Xinico Batz explicó a Noticias Aliadas que el plagio de los diseños textiles ancestrales no es nada nuevo y se remonta a la época colonial cuando las mujeres mayas eran utilizadas como mano de obra forzada y eran obligadas a producir textiles que se exportaban a España.

El problema de fondo, asegura Xinico, es un racismo fuertemente enraizado en la sociedad guatemalteca que explota el arte y las artesanías mayas como folclor sin darles ningún reconocimiento a los artistas mayas ni pagarles precios justos.

“El tema de la apropiación es sólo una parte del problema; los despojos también responden a una política de homogeneización que pretende desvincular a los pueblos de su patrimonio para poder tomar lo que se produce y explotarlo. El racismo invisibiliza a los pueblos indígenas y los menosprecia como una forma de desvalorizar lo que se produce, que es muy rico, para que los textiles puedan ser mercantilizados y puedan pedirse grandes sumas de dinero”, afirma Xinico.

Por otra parte, la diseñadora guatemalteca Ana Liz Tanner, creadora de la marca de accesorios étnicos Morralito, acepta que las tejedoras deben recibir precios justos pero afirma que modificar la ley de propiedad intelectual vigente podría resultar contraproducente y privar a las mujeres mayas, a quienes busca proteger, de la única fuente de ingresos que con frecuencia tienen.

“¿En qué medida se afecta a las artesanas que viven de esos proyectos? Todas las mujeres cuyas vidas dependen de eso van a quedar desamparadas”, dijo Tanner a Noticias Aliadas.

Tanner asegura que Morralito trabaja con una asociación de tejedoras en el departamento altiplánico de Quetzaltenango que fija sus propios precios, aunque admite que el tema de los precios depende de la ética de cada empresa.

La diseñadora también recalcó que la producción de su empresa se basa en motivos mayas tradicionales y luego le pide a la tejedora que los reproduzca, de manera que jamás se desgarran las prendas para producir accesorios. Afirma que se siente con el derecho de hacerlo porque estos diseños son parte del legado cultural del país. “Al final, todos somos guatemaltecos y todos tenemos las mismas raíces”, afirma Tanner. —Noticias Aliadas.


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Mujeres mayas practican el arte del tejido para preservar su cultura ancestral. / Louisa Reynolds
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