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AMÉRICA LATINA
Cambiar el modelo poniendo como eje central la sostenibilidad de la vida
Rosa Guillén Velarde*
14/07/2016
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El trabajo doméstico y de cuidado al igual que la naturaleza son considerados recursos inagotables para la explotación capitalista.

Las  mujeres del  campo y la ciudad  se organizan y luchan cada día para  enfrentar el extractivismo que actúa en sus territorios acaparando y contaminando aguas, despojando tierras y destruyendo ecosistemas y tejidos sociales importantes.  Las  hemos  visto en  movilizaciones, cuidando lagunas, preparando alimentos para los y las  movilizadas exigiendo justicia, pidiendo solidaridad y dando su tiempo, trabajo, energía, afecto e incluso poniendo el cuerpo como defensa para proteger y conservar sus comunidades y territorios. Y es que, como anota  la psicóloga y feminista brasileña Nalu Faria1,  las mujeres dependen más que los hombres del acceso a los bienes y recursos comunes y están más comprometidas con su defensa.

Las mujeres nativas, indígenas y campesinas están mayormente dedicadas y comprometidas desarrollando en sus comunidades prácticas de cooperación, redistribución  y solidaridad. El trabajo de cuidado y la realización de tareas para cubrir necesidades biológicas y afectivas; la preocupación permanente por el bienestar, son parte de esas relaciones no mercantiles. El mercado, aparte de no satisfacer gran parte de las necesidades humanas, dificulta la realización de sus actividades. La entrada del mercado y de las  grandes empresas extractivas en sus territorios redefinen las relaciones de poder, desvalorizan sus conocimientos, afectan los medios de producción de la vida, profundizan la explotación capitalista, las discriminaciones, y dominación a través del racismo, la violencia, la prostitución, la trata, la migración forzada.

Esta realidad genera desconfianza y resistencia a los extractivismos. En muchos casos son marginadas y empujadas a espacios más pobres y allí mantienen sus prácticas agrícolas tradicionales, incluso aunque ello signifique que su producción se mantenga restringida a pequeñas parcelas, patios, huertos frutales y a la cría de animales menores. En las ciudades son  quienes luchan por el establecimiento de servicios públicos de agua y energía, quienes desarrollan en solidaridad experiencias de colectivización del trabajo doméstico.
 
Este comportamiento de las mujeres no es nuevo, tiene raíces históricas marcadas por su vínculo social con los medios de vida y los cuidados en las comunidades, por ello no es extraño que se comprometan frente a la  crisis climática, la defensa de la Pachamama y las estrategias de cambio.

Economía feminista
Los feminismos iniciados en la crítica al patriarcado —sistema que estructura el dominio sobre los cuerpos y vidas de las mujeres basado en la división sexual y social del trabajo—,  avanzan el análisis y cuestionamiento del sistema capitalista/patriarcal y se enriquecen con los aportes de la economía feminista.

Esta realiza una crítica radical al capitalismo y la economía política poniendo al centro la producción de la vida humana y de cuidado de la naturaleza, ello en contraposición a las estrategias de mercantilización y centralidad del mercado, la ganancia y la acumulación transnacional de las riquezas, la misma que se realiza sosteniendo relaciones sociales patriarcales, racistas, depredadoras, extractivista y neocoloniales.

La división sexual del trabajo, arbitrariamente separa la producción de bienes y servicios para el mercado de la producción de la vida cotidiana y generacional; reconoce la producción como mayoritariamente masculina, le asigna valor de mercado, la retribuye con salario, desempeño público, poder y prestigio en el espacio privado/doméstico. Esta división sexual del trabajo hace a las mujeres responsables de la reproducción, como si fuera parte de su destino por ser dadoras de vida. Establece una falsa separación entre producción y reproducción (luego entre políticas económicas  y políticas sociales), oculta  el nexo económico entre ambas.

La ciencia económica no reconoce el trabajo doméstico como trabajo aun cuando este contiene conocimientos aprendidos, energía y ocupa tiempos. Pero el capital y la economía necesitan y aprovechan muy eficientemente estos trabajos de cuidados domésticos de las mujeres que le facilitan personas listas para trabajar cada día, asegura abastecimiento por generaciones y además no le significan costos. De esta forma, el trabajo doméstico y de cuidado al igual que la naturaleza, son tratados como externalidades de los modelos económicos y considerados recursos inagotables para la explotación capitalista.

Buscando cambios
La cuestión de la  centralidad de la vida humana para el funcionamiento del modelo de sociedad, así como el cuestionamiento del carácter androcéntrico del pensamiento occidental, es parte fundamental tanto de la economía feminista, como del eco-feminismo, como afirma Faria.

Por su parte, la brasileña Renata Moreno2 anota que el concepto de la centralidad del cuidado de la vida y la naturaleza —en contraposición a la centralidad en el mercado de trabajo asalariado—, produce convergencias políticas capaces de construir otro paradigma de sustentabilidad de la vida, basado en la igualdad.

Para  recuperar la centralidad en la producción de la vida y el cuidado de la  naturaleza es necesario cambiar la lógica de  los beneficios por la lógica de la vida. Es necesario hacer las cuentas de las deudas  ecológicas  y las deudas de  cuidado; reducir las economías extractivas y la generación de residuos; reducir el uso de energía, ampliar la vida de artefactos y acabar con la obsolescencia programada. Asimismo,  se requiere cambiar hábitos y reducir consumo; apostar por producción local y circuitos cortos de comercialización; recuperar y apoyar la agricultura campesina, disminuir el transporte privado. Es relevante también aprender de la sabiduría acumulada en las culturas sostenibles; recuperar  trabajo digno, con jornadas laborales que dejen tiempo para los cuidados recíprocos y mayor compromiso de los asalariados con los trabajos de casa; trabajo doméstico asalariado con todos los derechos.

Situar el cuidado de las personas en el centro del interés requiere en el presente, de un lado, el reconocimiento de las mujeres como principales sujetos del  trabajo reproductivo, y de otro, avanzar con firmeza en la redistribución de este trabajo entre hombres y mujeres, en las familias y comunidades. 

Es relevante lograr compromisos del Estado con políticas y programas. Algo se ha avanzado contabilizando el tiempo de trabajo doméstico no pagado, incluido el calculo de su aporte al PBI en cuentas satélites, que en el Perú alcanza al 20.4 %3 y en México el 21.19%4 del PBI. También constituyen un avance los sistemas integrados de cuidado desarrollados en Uruguay  o los  programas parciales en otros países de la región que reconocen pensiones no contributivas —prestaciones económicas a personas en situaciones de máxima vulnerabilidad—,  pero es necesario que directamente reconozcan el trabajo doméstico no remunerado con una pensión y seguro social para las mujeres amas de casas que no cuentan con ningún tipo de ingreso económico.

La ecofeminista española Yayo Herrero5 recomienda mirar las experiencias encaminadas a visibilizar la centralidad de la vida y del cuidado de la  naturaleza.  Destaca las experiencias que ensayan modos alternativos de producir, cuidar o distribuir, de gestionar la propiedad, de financiar proyectos colectivos como cooperativas de consumo agroecológico; redes de cuidados compartidos que resuelven necesidades de atención a niños y niñas; residencias de mayores autogestionadas basadas en el apoyo mutuo, entre otras. —Noticias Aliadas.

*Peruana, integrante de la Marcha Mundial de las Mujeres y la Red Latinoamericana de Mujeres Transformando la Economía (REMTE). Presenta algunas reflexiones, ideas fuerza, argumentos dialogales que en el marco de la construcción de movimientos sociales plurales se vienen compartiendo en esos espacios.

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1 “El aprecio a la vida humana. Alternativas feministas al actual modelo de sociedad”, Revista  Perspectivas América Latina N°1, Fundación Heinrich Böll, 2015.
2 “Economía feminista: una visión antisistémica”, En busca de la igualdad: textos para la acción feminista, Sempreviva Organização Feminista, São Paulo, 2013:
3 Cuenta satélite del trabajo no remunerado de los hogares de Perú, INEI, 2016 (En base a Encuesta del uso del tiempo 2010).
4 Cuenta satélite del trabajo no remunerado de los hogares de México, INEGI. SCNM. 2006-2010.
5 “Propuestas ecofeministas para un sistema cargado de deudas”, Revista  de Economía Crítica N° 13, Barcelona, abril 2012.


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Las mujeres desarrollan un rol fundamental en la agricultura familiar./ Erika Chávez
Noticias Aliadas / Latinamerica Press
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