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AMÉRICA LATINA
“La región ha sido pionera en ver como posible y necesario discutir vías de salida a la dependencia extractivista”
Javier Llopis Puente*
14/07/2016
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Entrevista con Eduardo Gudynas, investigador uruguayo especialista en ecología social

Nacido en Uruguay, Eduardo Gudynas —analista en temas de medio ambiente y desarrollo, destacado defensor de la Naturaleza— pone especial énfasis en la necesidad de cambiar de enfoque en materia de extractivismo. Actualmente, es investigador del Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES), con sede en Montevideo, e investigador asociado en la Universidad de California y en el grupo de acción ambiental estadounidense Consejo para la Defensa de los Recursos Naturales.

En la siguiente entrevista concedida a Javier Llopis Puente, colaborador de Noticias Aliadas, Gudynas hace un balance sobre la discusión sobre salidas del extractivismo que se da en la región que, como él señala, implica discutir el desarrollo.

Investigadores han asegurado que el modelo extractivista actual no da más. ¿Usted comparte esta posición?
Sí, pero eso exige aclaraciones y precisiones iniciales. Las evaluaciones hacia futuro que consideran el agotamiento de los recursos naturales son de principios de la década del 70. Es un gran tema que incluye un cierto patrón de consumo que depende mucho de la apropiación de recursos materiales y de muchos gastos de energía. Dentro de esa gran temática, hay un componente específico que es el extractivismo. Tal cual lo entendemos nosotros, no es un sinónimo por ejemplo con minería, sino que es un tipo particular de apropiación de recursos naturales que está caracterizado por apropiarse de enormes volúmenes con mucha intensidad e impacto ambientales, y que son esencialmente exportados como materias primas. Esa estrategia de extractivismo a gran escala es ambientalmente, socialmente y económicamente insostenible.

Y ante esta insostenibilidad del modelo extractivista, hay quienes han promovido los llamados “desarrollos alternativos”, las “alternativas al desarrollo”. ¿Cómo cree usted que se ha planteado este debate en América Latina?
El debate en América Latina sobre qué hacer frente al extractivismo y la vinculación de esa discusión con las alternativas al desarrollo ha sido muy intenso y, en varios sentidos, está en el liderazgo mundial de esa discusión. La región ha sido pionera en vincular y ver como posible y también como necesario discutir vías de salida a la dependencia extractivista. Por ejemplo, es posible tener una minería para ciertos usos y sobre todo para necesidades propias dentro del continente, para desacoplarse de esta dependencia de la explotación y exportación masiva de recursos naturales.

Y esa discusión en la cual América Latina ha sido pionera, ¿qué ha dado en la práctica?
No tiene resultados prácticos porque ninguno de los gobiernos actualmente alienta una alternativa al extractivismo. Y además porque reconocemos que buena parte de la población cree que la vocación de nuestros países es seguir siendo proveedores de recursos naturales. Pero eso no impide reconocer que está en marcha una discusión de nuevo tipo que no existía hace cuatro o cinco años. Por ejemplo, plantear una moratoria petrolera en Ecuador o una moratoria minera en Perú era visto como una posición descabellada que llevaría a la ruina económica del país, y no era defendible públicamente. Ese tipo de discusión recién comienza a plantearse en otros continentes.

¿Y qué hay por ejemplo del “nuevo extractivismo” que se ha promovido en Ecuador o en Bolivia?
Lo que ha sucedido con los gobiernos progresistas es que, a medida que maduraban, también se convirtieron al extractivismo. Por supuesto que cómo lo estructuran es distinto a cómo lo hacen gobiernos conservadores porque en países como Bolivia o Ecuador hay otra presencia del Estado. La situación es ahora más dramática ya que con la caída de los precios de las materias primas, estos países todavía refuerzan más el extractivismo para intentar compensar la caída de esos precios aumentando el volumen de exportación.

En una entrevista, usted dio como propuesta concreta una reforma tributaria.
Tenemos varias medidas. Hay ciertos emprendimientos extractivos para los cuales realmente no hay alternativas de manejo de una remediación ecológica posible, sino que su daño ambiental es innegable. Entonces hay emprendimientos que serían prohibidos desde el punto de vista ambiental. También necesitamos reformas en los mecanismos de ordenamiento territorial, zonificar los territorios, dónde y cómo sí es posible hacer un cierto tipo de minería, no otro tipo de minería o ninguna minería. Necesitamos, para atacar la dimensión económica, una reforma tributaria. En varios países, un caso notable es Perú, la tributación del sector extractivo es muy marginal.

Otro flanco es que necesitamos tener rigurosos indicadores económicos para poder decidir qué vale la pena hacer y qué no. Los indicadores económicos convencionales nunca incorporan el costo ambiental del daño ecológico o del daño social. Necesitamos canales de información y participación ciudadana para que las comunidades locales sepan en realidad los potenciales riesgos y posibles beneficios o no de los extractivismos, y puedan tomar decisiones informadas. Es necesario hacer esto para evitar caer en condiciones que terminan generando conflictos ambientales, porque una buena parte de los conflictos ambientales es por desconocimiento o temores de las comunidades locales sobre lo que pueda acarrear el emprendimiento extractivo o petrolero. Después, citamos opciones de diversificación productiva que no hagan de nuestras economías tan dependientes de la exportación de materias primas. Eso permitiría que pudiéramos armar nuestra propia canasta nacional de alimentos, y no caer en comprar complementos desde el exterior.

¿Hay algún gobierno que haya puesto en marcha estas medidas?
Puede ser discutible. Por ejemplo, Bolivia, Ecuador y Venezuela aumentaron el nivel de tributación sobre el sector petrolero. El único país que intentó un ajuste tributario sobre los extractivismos agrícolas fue Argentina con el impuesto a las exportaciones de grano, pero también hay mucha discusión sobre si se implementó y se aplicó de la mejor manera porque tuvo el efecto paradojal de acentuar la dependencia sobre la soya.

¿Eso no haría que un país pierda competitividad?
Las medidas de extractivismo reconocen esa dificultad, y por lo tanto recuperan las promesas de varios gobiernos de moverse hacia procesos de integración regional efectivos. En estos procesos, un componente esencial es que haya exigencias ambientales mínimas compartidas entre los países para que no se hagan trampa de competencia desleal en el flanco ecológico diciendo “yo te rebajo las exigencias ambientales si tu inversión viene a mi nación”.

Más allá de lo que haga el país vecino, la primera prioridad de un gobierno en su propio país es asegurar la calidad de vida de su propia gente, la propia integridad de su patrimonio ecológico y asegurar disponibilidad del trabajo y diversificación productiva para su propia economía. Entonces, el país no puede caer en la trampa de bajar los estándares ambientales y sociales porque el vecino también lo hace, porque eso sería una carrera hacia el fondo del abismo.

Y a nivel de la soberanía sobre los bienes naturales en la región, ¿cuál es el nivel de avance en Latinoamérica?
Cuando los países dicen “el petróleo lo maneja la empresa estatal”, están ejerciendo soberanía. Lo que ha sucedido con el extractivismo es que después las empresas estatales petroleras terminan haciendo convenios con transnacionales para exportar ese petróleo. Entonces, estamos presenciado una situación paradojal donde la propiedad del recurso natural ya no es motivo de disputa como en el pasado porque hay varias redes de comercialización de materias primas que aceptan que la primera fase de extracción puede estar en manos del Estado. Lo que hemos encontrado en las investigaciones del CLAES es que ya hay en América Latina todos los regímenes de propiedad posibles en el sector extractivista e, independientemente del régimen de propiedad, en todos ellos se repiten los impactos sociales y ambientales.

Volviendo a las “alternativas al desarrollo”, ¿ve en el concepto del “Buen Vivir” un aporte a estas alternativas?
Sí, la discusión sobre salidas del extractivismo implica discutir el desarrollo, pero exige como horizonte de cambio una meta hacia la cual avanzar. En la actualidad, para salir del extractivismo, se elaboran propuestas de lo que se denominan transiciones al extractivismo y la orientación de estas transiciones están puestas en el “Buen Vivir”. El “Buen Vivir” sería como aquel objetivo que nos permitiría orientar y ordenar las transiciones y poder determinar cuál de las transiciones son efectivas para avanzar en ese sentido y cuáles no. Necesitamos un criterio para determinar qué cosas del pasado van a seguir, qué cosas podemos reformar, y qué elementos realmente nuevos necesitamos, para poder organizar una nueva articulación de políticas e instrumentos. La novedad de la discusión sobre postextractivismo es que está articulando medidas que son muy específicas con ese horizonte de cambio enfocado en una transformación en la escala de valores que representa el “Buen Vivir”.

En estas transiciones para salir del modelo extractivista, ¿cuáles son los factores claves en donde hay que hacer hincapié?
Yo no uso la palabra “modelo” porque no hay un modelo extractivista. Además, la palabra “modelo” es muy incierta. Nosotros tenemos sectores extractivistas, pero además “extractivismo” no es sinónimo de estrategia de desarrollo. En una estrategia de desarrollo hay mucho más que extractivismo. Hay sectores extractivistas. Las alternativas al extractivismo dicen que todos son actores necesarios para ese cambio. Hay compromisos de urgencia con ciertos grupos, por ejemplo campesinos e indígenas, porque son los más afectados, pero no se defiende la idea de que haya actores que lideren el cambio. Todos son necesarios.

Entonces, cuando hay movimientos obreros, sindicales, feministas, indígenas, campesinos, ¿cuál es la manera de articular estas reivindicaciones hacia un mismo camino?
Es abrumador reconocer que buena parte de esos movimientos defienden los extractivismos, especialmente en las ciudades, y les cuesta mucho ver una alternativa por fuera del extractivismo. También me parece que es abrumador la evidencia de que quienes más presentan objeciones en el conflicto frente al extractivismo están en los lugares afectados en las áreas rurales. Por lo tanto, las transiciones implican un profundo, intenso y paciente trabajo de información, de educación, de reflexión y de diálogo democrático para hacer ver por ejemplo a las mayorías urbanas que lo que sucede en un rincón rural de su país los va a terminar afectando, no solo a nivel de la escala nacional, sino a nivel de la escala planetaria.

Por otro lado, también me parece que la evidencia es abrumadora de que buena parte de las mayorías urbanas, si bien por un lado apoyan esos extractivismos, por el otro lado también se dan cuenta de que este estilo de vida es insostenible. Por lo tanto, en ellos también hay una demanda hacia un buen vivir, hacia una buena calidad de vida. Entonces, en este momento, el principal desafío está en demostrar cómo esa alternativa postextractivista no implica un colapso económico para ningún país. El país que primero comience a buscar alternativas de salida va a ser el país mejor preparado para lidiar cuando vengan a sumarse estos colapsos en el acceso a materias primas, colapsos en el cambio climático o en la disponibilidad de alimentos.

¿Entonces sólo falta lanzarse?
Faltan dos cosas, por lo menos. Hay un paso previo que es reconocer que hay un problema grave que es un problema que tiene muchas escalas: local, nacional y planetaria. Después, falta reconocer que es posible pensar países no-extractivistas porque se hace muy difícil a veces siquiera imaginar ese posible futuro. Y además, como hay intereses económicos detrás de los extractivismos, esos mismos intereses económicos combaten la idea de que hay una alternativa distinta a ellos. Y en tercer lugar viene lanzarse, pero uno no se va a lanzar si no reconoce que hay un horizonte de cambio posible que pueda recibir al que acaba de lanzarse y si uno cree que va a ser el único que va a lanzarse. —Noticias Aliadas.


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Eduardo Gudynas/ Javier Llopis Puente
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